MEDIOS Y CAMINOS PSICOLÓGICOS PARA LA
EXPLORACIÓN DEL ESTILO DE VIDA
Ojeada sobre la evolución histórica de la psicología. Capacidad
psicológica y sentimiento de comunidad. Necesidad de la adivinación.
Importancia del Psicoanálisis. Fases de la mitología freudiana. El
Psicoanálisis derivado de la concepción del mundo de los niños
mimados. El ideal de comunidad humana como meta de la evolución. El
punto de vista de los valores en la Psicología individual. El método de la
psicología experimental y el de la Psicología individual. Fenómenos más
ilustrativos para la Psicología individual.
Para averiguar la opinión individual frente a los problemas de la vida y,
mayormente, para descubrir el íntimo sentido que ésta se digne revelarnos,
no podemos rechazar a limine ningún medio ni ningún camino. La opinión
del individuo sobre el sentido de la vida no es asunto desdeñable, ya que en
última instancia determina todo su pensar, sentir y obrar. Ahora bien, el
auténtico sentido de la vida se hace patente en la inevitable resistencia
contra la que choca el individuo cuando obra equivocadamente. Entre estos
dos términos se extiende la tarea de la educación, la formación y la
curación.
El conocimiento del carácter individual se remonta a lejanos siglos. Para no
mencionar sino unos cuantos datos, recordaremos que en las descripciones
históricas y personales de los pueblos de la Antigüedad, en la Biblia, en
Homero, en Plutarco, en la totalidad de los poetas griegos y romanos, en
los mitos, cuentos, leyendas y tradiciones, observamos una brillante
comprensión del conocimiento de la personalidad humana. Hasta en los
tiempos modernos fueron, ante todo, los poetas los que con más éxito
lograron rastrear el estilo de vida de un ser dado. Lo que aumenta
sobremanera nuestra admiración por la obra de éstos es su capacidad de
hacer vivir, morir y actuar al hombre como totalidades indivisas en
estrecho contacto con los problemas de su círculo vital. Es indudable que
ha habido también gente humilde que, con un superior conocimiento del
hombre, transmitió su experiencia a la posteridad. Lo que distinguió a esos
hombres -así como a los grandes genios en el conocimiento de la
humanidad -fue, sin duda alguna, la profunda visión que tuvieron acerca de
la correlación de los resortes instintivos en el ser, virtud que solamente
pudo desarrollarse en ellos merced a su identificación con la comunidad y
su gran interés por la humanidad en general.
Su mayor experiencia, su mejor comprensión, su visión más profunda
fueron la recompensa a su hondo sentimiento de comunidad. Esa facultad
de describir la incalculable multiplicación de los movimientos de
expresión, de hacerlos comprensibles a todos sin necesidad de recurrir al
auxilio de medios tangibles, se debe siempre al don de la adivinación,
consustancial con ellos. Sólo de esta manera se explica que hayan podido
descubrir lo que se oculta detrás y entre las mallas de ese tupido cañamazo
que forman los movimientos de expresión: la ley de movimiento que rige al
individuo. Son muchos los que denominan a este don especial intuición
porque suponen que está reservado tan sólo a los espíritus privilegiados;
pero, en realidad, es el más humano de los dones y hacemos uso incesante
de él para orientarnos en medio del caos de la vida y ante lo insondable del
futuro.
Puesto que cada problema que se nos plantea -por pequeño o grande que
sea- es siempre distinto y siempre nuevo, seríamos víctimas de constantes
errores si nos viéramos obligados a resolverlo conforme a un esquema tan
rígido como son, por ejemplo, los reflejos condicionados. La permanente
diversidad de los problemas plantea a los seres humanos exigencias
siempre renovadas, poniendo continuamente a prueba su conducta ya de
antemano ejercitada. Ni siquiera en el juego de naipes podríamos salir
airosos si obráramos por reflejos condicionados. Sólo el acierto en la
adivinación nos permite dominar los problemas. Pero esta adivinación es
propiedad ante todo del hombre que participa en el juego y que se identifica
con el prójimo; del hombre que tiene verdadero interés en la feliz solución
de todos los problemas de la humanidad, que mira como cosa propia el
futuro de todo acontecer humano, y le atrae por igual tanto si se trata de la
historia de la humanidad como de la suerte de un solo individuo.
La Psicología fue un arte inocente hasta que se incorporó a la Filosofía. De
ésta y de la Antropología 3 de los filósofos brotaron las raíces del
conocimiento científico del hombre. En las diversas tentativas por ordenar
todo fenómeno dentro de una amplia ley universal no podía quedar
excluido el individuo aislado. La aceptación de la unidad de formas
individuales de expresión quedó sentada como verdad inconmovible. La
transposición de la naturaleza humana de las leyes que rigen los restantes
fenómenos se hizo según puntos de vista distintos, y la insondable y
desconocida fuerza orientadora fue buscada : por Kant, Schelling, Hegel,
Schopenhauer, Hartmann, Nietzsche y otros bajo la forma de una fuerza
impulsora instintiva, llamada ley moral, voluntad, voluntad de poder o
inconsciente. Con la aplicación de leyes generales al acontecer humano
quedó la introspección entronizada. Los hombres estaban llamados a
declarar alguna cosa acerca del acontecer de su conciencia y de todo cuanto
la acompaña. Sin embargo, este método no prevaleció por mucho tiempo.
No tardó en caer en justificado descrédito, porque no es posible atribuir al
hombre el poder de emitir juicios objetivos sobre sí mismo.
Los albores de una época de tecnicismo llevaron el método experimental a
su apogeo. Con la ayuda de aparatos y de interrogatorios cuidadosamente
preparados se elaboraron pruebas para examinar las funciones sensoriales,
la inteligencia, el carácter y la personalidad. Pero con esto se perdía la
visión de la personalidad en su conjunto, o sólo podía ser obtenida en parte
por adivinación. La ciencia de la herencia, que se desarrolló poco después,
desdeñó a su vez todos los resultados obtenidos, complaciéndose en
demostrar que todo depende de la posesión de aptitudes y no de su empleo.
La doctrina de la influencia de las glándulas de secreción interna apuntaba
en la misma dirección, basándose en casos especiales de sentimientos de
inferioridad por minusvalías orgánicas y su compensación.
La Psicología alcanzó un verdadero renacimiento con la creación del
Psicoanálisis. Éste tiene empero, el inconveniente de haber resucitado, bajo
apariencias científicas, antiguos conceptos mitológicos. Así, la libido
3 ADLER emplea aquí esta palabra no en el sentido antiguo, más bien etnográfico
-Antropometría, etc.-, sino en el sentido moderno, en el empleado por los filósofos
actuales. Antropología es, en este nuevo sentido, la ciencia global de todos cuantos
datos nos suministran acerca del hombre las ciencias particulares: Biología, Fisiología,
Psicología, etc. Sólo en tal sentido merece verdaderamente su nombre y es la ciencia del
Hombre. (N. del T.)
sexual desempeña el oficio de omnipotente guía del destino humano. Los
horrores del Infierno están representados por el inconsciente, y el pecado
original por el sentimiento de culpabilidad. El olvido del Cielo fue
reparado más tarde mediante la creación del Ideal del yo, inspirado en el
concepto descrito por la Psicología individual, de una finalidad ideal de
perfección. De todos modos, debemos reconocer que el Psicoanálisis
freudiano representó un esfuerzo considerable encaminado a leer entre las
líneas de la conciencia, un paso adelante en el descubrimiento del estilo de
vida, sin que este lejano objetivo hubiera sido, sin embargo, reconocido con
claridad por Freud, quien se perdió en el laberinto de sus metáforas
sexualizantes. Además, el Psicoanálisis se inspiraba en exceso en el estudio
del mundo de los niños mimados, en el cual había quedado aprisionado, de
tal modo, que la contextura anímica se le apareció siempre como un mero
reflejo de este tipo, dejando en la penumbra la verdadera estructura
psicológica de estos casos, que sólo puede ser comprendida como aspecto
parcial de una ley de movimiento evolutivo. Su pasajero éxito debióse a la
gran propensión del sinnúmero de personas mimadas a aceptar dócilmente
el valor humano universal de las concepciones arbitrarias del Psicoanálisis
freudiano, al ver confirmado y fortalecido en ellas su propio estilo de vida.
La técnica del Psicoanálisis estaba encaminada a poner de relieve, con
paciente energía, la íntima relación de la libido sexual con los movimientos
expresivos y los síntomas, y a hacer derivar los actos humanos de un
impulso sádico inherente al hombre. Es mérito exclusivo de la Psicología
individual el haber puesto en claro que este último fenómeno no es más que
el producto artificialmente cultivado del resentimiento de unos niños
mimados. Sin embargo, se encuentran en el Psicoanálisis huellas de
reconocimiento y de aproximación a nuestro aspecto evolutivo. Esto, no
obstante, de una manera errónea y con el consabido pesimismo freudiano,
que se refleja en la idea del deseo de muerte como finalidad última de la
existencia, y en la espera, no de una adaptación activa, sino de un morir
lento basándose en la segunda ley fundamental de Física, siempre
problemática.
Nuestra Psicología individual se coloca decididamente en el terreno de la
evolución (véase el ya citado Estudio sobre minusvalías orgánicas), y a la
luz de ella considera todo anhelo humano como una tendencia hacia la
perfección. El impulso vital está ligado de un modo irreductible, tanto
física como psíquicamente, a dicha tendencia. Toda forma de expresión
psíquica aparece, pues, a nuestro entendimiento, como un movimiento que
conduce de una situación de minus a una situación de plus. El cauce, la ley
de movimiento que, con la relativa libertad en el empleo de sus facultades
innatas, se señala a sí mismo el individuo al comienzo de su vida, son
completamente distintos para cada hombre en cuanto a su tempo, ritmo y
orientación. En su incesante cotejo con la perfección ideal inasequible, se
halla el individuo constantemente poseído e impulsado por un sentimiento
de inferioridad. Podemos afirmar que sub specie aeternitatis y desde el
punto de vista ficticio de una absoluta perfección no hay ley de movimiento
humano que no sea errónea.
Toda época de civilización se forma este ideal dentro del ámbito de sus
ideas y sentimientos. Hoy, como siempre, sólo en el pasado podemos
descubrir el nivel actual de la humana capacidad de concepción de ideales
semejantes, y es justo que admiremos esa capacidad de concepción que
supo establecer ideales básicos de convivencia humana para un
imprevisible período de tiempo. Es casi imposible que el no matarás o el
ama a tu prójimo puedan ya desaparecer del saber y del sentir humanos,
como instancias supremas. Éstas y otras normas de conciencia (resultantes
de la evolución de la humanidad y tan vinculadas a su naturaleza como el
respirar o el andar sobre los pies) pueden ser comprendidas en la idea de
una comunidad perfecta entre los hombres que aquí, desde un punto de
vista meramente científico, se considera como motor y meta de la
evolución. Éstas son las normas que sirven a nuestra Psicología individual
de hilo conductor, como punto de apoyo, para estimar justos o erróneos los
restantes objetivos y formas de conducta opuestos a la evolución. En este
punto, la Psicología individual se transforma en una Psicología estimativa,
como la ciencia médica, propulsora de la evolución, que en sus
investigaciones y comprobaciones es ciencia estimativa, en virtud de sus
continuos juicios de valor.
El sentimiento de inferioridad, la tendencia hacia la superación y el
sentimiento de comunidad son los pilares básicos de la investigación
psicológico-individual. Estos pilares son imprescindibles tanto para el
estudio de un individuo aislado como para el estudio de una masa. Es
posible que al interpretarlos nos equivoquemos o caigamos en
bizantinismos, pero es imposible ignorarlos. El examen de una
personalidad no será correcto si no son tomados estos hechos en
consideración, si no se obtiene una clara visión de cuanto concierne al
sentimiento de inferioridad, a la tendencia hacia la superación y al
sentimiento de comunidad.
Pero del mismo modo que anteriores civilizaciones han eliminado bajo el
imperativo de la evolución falsas representaciones y caminos erróneos, así
debe también el individuo eliminarlos. La construcción intelectual y, al
propio tiempo, emocional de un estilo de vida en el curso de la evolución,
es obra de la infancia. La noción de fuerza la adquiere el niño de un modo
emocional y sólo aproximado a través de su capacidad de rendimiento en el
seno de un ambiente muy poco neutral y que sólo imperfectamente
representa la primera escuela de la vida. Basándose en una impresión
subjetiva y guiado muy a menudo por ciertos éxitos y fracasos de escasa
significación, el niño se traza el camino, el objetivo y la imagen de la
posición que desea alcanzar en el futuro. Todos los recursos de la
Psicología individual que han de permitir la comprensión de la
personalidad respetan la opinión del individuo sobre el objetivo de la
superioridad, la intensidad de su sentimiento de inferioridad y el grado de
su sentimiento de comunidad. Estudiando más detenidamente la relación
entre estos factores se verá que todos ellos representan la naturaleza y el
grado de este sentimiento. La prueba se efectúa como en psicología
experimental o en el examen funcional de un caso médico. Sólo que aquí es
la vida misma la que efectúa la prueba, con lo que se pone de relieve la
profunda vinculación del individuo con las grandes cuestiones vitales. Y es
que, en efecto, la totalidad del individuo no puede estudiarse aisladamente
de su relación con la vida o, mejor dicho, con la sociedad. La posición del
hombre frente a la sociedad revela su estilo de vida. De ahí que el examen
experimental que no atiende sino a lo sumo a limitados aspectos de la vida,
nada puede decirnos acerca del carácter ni de los ulteriores rendimientos en
el seno de la comunidad. La misma Psicología de la Figura
(Gestaltpsychologie) exige el complemento de la Psicología individual para
poder pronunciarse sobre la actitud del individuo en el proceso de la vida.
La técnica empleada por la Psicología individual para investigar el estilo de
vida presupone por tanto, en primer término, el conocimiento de los
problemas de la vida y de las exigencias que ésta plantea al individuo.
Como se verá, su solución presupone un cierto grado de sentimiento de
comunidad, de identificación con la totalidad de la vida, de capacidad de
colaboración y solidaridad humanas. Si esta capacidad falta, podrá
observarse entonces en múltiples variantes un acentuado sentimiento de
inferioridad con su cohorte de consecuencias, en general representadas por
una actitud vacilante y evasiva. Al conjunto de los fenómenos somáticos o
psíquicos que aquí se manifiestan le he dado el nombre de complejo de
inferioridad. El incansable afán de superioridad trata de disimular este
complejo mediante el complejo de superioridad, que aspira a una
superioridad personal aparente, siempre prescindiendo del sentimiento de
comunidad.
Una vez aclarados todos los fenómenos que se presentan en casos de
fracaso, es preciso buscar en la primera infancia las causas de la falta de
preparación. De esta manera se logrará una imagen clara y fiel del estilo
unitario de vida del sujeto. Al propio tiempo podremos, en casos de
conducta errónea, juzgar sobre el grado de evasión, que demostrará ser
siempre el resultado de una falta de capacidad de decisión. La tarea del
educador, del maestro, del médico y del sacerdote está aquí rigurosamente
indicada: fortalecer el sentimiento de comunidad y levantar así el estado de
ánimo, mediante la demostración de las verdaderas causas del error, el
descubrimiento de la opinión equivocada y del sentido erróneo que el
individuo llegó a dar a la vida, acercándole, en cambio, a aquel otro sentido
que la vida misma le señala al hombre.
Esta tarea no puede ser realizada si falta un conocimiento profundo de los
problemas de la vida y una comprensión clara de la escasa participación del
sentimiento de comunidad en los complejos de inferioridad, de
superioridad y en todos los tipos de desviación de la conducta. Asimismo
exige esta tarea una experiencia amplísima en relación con aquellas
circunstancias y situaciones que, en la infancia, pueden inhibir el desarrollo
del sentimiento de comunidad. Los caminos que más viablemente
conducen al conocimiento de la personalidad según las experiencias que
hasta hoy me ha sido dado recoger son: una amplia comprensión de los
primeros recuerdos de la infancia, la posición que en orden a la edad le
corresponde al niño entre sus hermanos, los sueños, las fantasías diurnas,
eventuales faltas infantiles, y las características del factor exógeno causante
del trastorno. Todos los resultados obtenidos de esta investigación, que
engloba incluso la actitud del enfermo con respecto al médico, deben ser
valorados con el mayor cuidado, procurando a la vez comprobar si entre la
ley de movimiento y los restantes datos recogidos se da una constante
armonía.
MEDIOS Y CAMINOS PSICOLÓGICOS PARA LA
Published on Marzo 25, 2008
in El sentido de la vida.
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